EN HOMENAJE A ANA DAYSEE AMADOR

En pocos meses la casa de Deysi y Miguel se hizo nuestra, era como llegar a la propia y sentirse en familia. En ese portal compartimos por horas, bebimos cientos de tazas de café y hablamos de lo humano y lo divino, tejiendo un puente de amor filial entre los Díaz Amador y los Paredes Molina, sustentado de nimiedades y grandezas, no imaginamos que lo fortaleceríamos en medio de tamaño dolor…
Es complicado decir adiós a quien siempre tenía en los labios una sonrisa de bienvenida. Hoy despedimos los restos físicos de Ana Deysi Amador Marrero, pero el espíritu de alguien que se alimentaba de sueños, esperanza y futuro no lo deshace la muerte.
Las palabras suenan huecas y carentes de sentido al intentar apresarla en ellas, es un ejercicio inútil de oratoria. Quienes estamos aquí la conocíamos. Algunos desde su natal valle Ancón, baños en el río y correrías de niñas; otros a su paso por las escuelas, primeros años de trabajo y estancia en la Isla de la Juventud, donde se hizo con su primer tesoro: Adriana.
Hubo quienes la conocieron desandando el valle y su lomerío, a veces en bicicleta, a veces con paso firme, mientras hacía de la poesía, un pretexto para el encuentro con la naturaleza.
Deysi fue una mujer de hechos, los construía desde el verbo, con el diálogo ameno, retador, diáfano; pero, sobre todo fue una mujer de familia. Apegada a la que le dio origen y consagrada a la que formó. Los brazos le crecieron más allá de Miguel Ángel, Adriana y Malena, entonces quiso al amparo de un proyecto multiplicar su maternidad, acogió a más hijos, con la débil excusa de ofrecerles el arte como camino.
Abrió una ventana, no al valle, sino al alma, y desde defendió la aldea, su aldea, su amado Viñales, ante el mundo.
En casos como esto suele decirse que las personas fallecen tras una larga y penosa enfermedad, pero tampoco tenemos ese consuelo, porque seis meses no nos alcanzaron para hacernos a la idea de su partida y mucho menos para la aceptación.
Deysi ha muerto, lo repetimos y sigue pareciendo increíble; esperamos que nos ofrezca una taza de café, invite a su mesa o nos acoja de manera que haga parecer que la casa es nuestra.
Se ha ido y sin embargo está, retenida entre quienes le amamos y echaremos en falta, pero no olvidaremos.
Se fue de forma tan precipitada que la sobreviven casi todos sus seres queridos: madre, hermanas, hermanos, hijas, esposo, sobrinas, sobrinos y amigos, entre los que es un privilegio poder contarse, porque ese fue otro de sus dones.
También tenía sus demonios, esos que salían a flote cuando encontraba obstáculos en su camino, como gran defensora de la obra martiana, entendía que los malos triunfan, donde los buenos se lo permiten.
A Deysi la sobrevive Ventana al Valle, el proyecto que gestó contra viento y marea y donde fundió todas sus pasiones: familia, arte, cultura, camaradería, generosidad y más.
Hoy la despedimos y lo hacemos con dolor, sabemos lo mucho que le quedó por dar y esa certeza, aviva la sed de ella.
No hay consuelo ni remedio ante la muerte, solo la venganza de mantenerla viva en nuestros recuerdos, es posible, lo haremos realidad y por siempre.
Su alma se queda aquí con nosotros, inspirándonos. Despidámonos del cuerpo, para que descanse en paz.

http://yenanda.blogspot.com

 

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